sábado, 20 de febrero de 2016

          Cada día va al colegio en transporte de discapacitados. Sus especiales necesidades requieren ayuda y supervisión continuada. Le gusta estar con sus compañeros y salir al recreo a jugar con ellos. Muchos días sus profesores le privan de hacerlo alegando no poder estar pendiente de él por ser muchos los niños que han de atender. Es entonces cuando comienza a cantar. Alza su entrecortada voz y sorprende a todos entonando: “mi carro me lo robaron estando de romería, mi carro me lo robaron anoche cuando dormía”, dónde estará mi carro, donde estará mi carro?”….
Sus padres lo recogen en el colegio con una nota de queja del profesor comunicando que “distorsiona” la dinámica del aula. Se sorprenden porque nadie ha enseñado a cantar a su hijo y tampoco  nadie de su familia canta ni escucha  a Manolo Escobar. Pero él si lo hace y su canción no es otra que la de  “Mi carro”.
Las ganas de jugar y de estar con los otros niños  se las roban como al carro de Manolo Escobar. Por eso se rebela  y canta, canta y canta esta canción y no otra. Así se hace escuchar y cuando lo escuchan no lo oyen, se quejan.
A menudo  el problema no está en el niño que no entiende sino en quienes cuando canta su canción  no descifran la letra. 



Os dejo con Adrian Martin Vega, niño con hidrocefalia que también se hace oir de esta forma tan especial



MAREA NARANJA

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