miércoles, 13 de noviembre de 2013

En esta época de ajustes económicos que estamos viviendo también la información sufre sus recortes convirtiéndose en paradigma de omisiones, silencios y desinformaciones.
          La información es el recurso más valioso del que disponen los profesionales de la acción social en el ejercicio de su trabajo diario. En el trabajo social se convierte en el más importante eslabón de su cadena de instrumentos para dar cobertura a sus actividades profesionales
          Según el I Informe de los Servicios Sociales de España(ver) el mayor volumen de expedientes y solicitudes sociales se realizan  precisamente en el servicio de información. La primera relación entre el profesional del trabajo social y los usuarios se inicia desde la demanda de información de prestaciones, servicios, recursos y derechos que den cobijo  a las necesidades sociales. Es desde  este servicio de información y orientación desde donde se percibe la mayor sobrecarga de trabajo y consecuentemente desde donde los y las trabajadoras sociales tenemos nuestro mayor reto y fortaleza para hacernos visibles  y  hacer a su vez visibles las necesidades ocultas y los recursos destruidos.
Los usuarios de los servicios sociales públicos manifiestan reticencias y se inhiben en muchos casos de demandar  las ayudas públicas que necesitan al prever que no las van a conseguir. Sus inhibiciones facilitan las justificaciones en los recortes y es así como se configura una  rueda de la demanda no  realizada, necesidad no respondida y  profesionales de valoraciones no requeridos.
El proyecto de ley de racionalización y sostenibilidad de la administración local aprobado el pasado día 4 de noviembre, deja patente esta desaparición y presencia profesional en los servicios sociales básicos al reducirlos a lo que se considera el  “mínimo esencial” . con la única función de informar de situaciones de necesidad social y la atención inmediata a personas en riesgo de exclusión” (ver) . Y todo ello para “garantizar un control financiero y presupuestario riguroso y favorecer la iniciativa económica privada”, según se explica en la exposición de motivos del referido proyecto.
La información que los/las  trabajadores y trabajadoras  sociales realizamos es inherente a nuestra acción y ni está ni debe estar sujeta a financiaciones. Adquiere  su mayor poder no sometiéndola  a recortes de palabras, a preguntas no respondidas, derechos no reconocidos  y prestaciones no tramitadas.
La información que realizamos desde nuestro trabajo  proporciona formación y aquí radica su poder,  porque trasforma lo desconocido en conocido, lo denegado en concedido, lo ocultado en explicado y la ignorancia en sabiduría.
El poder de nuestra información radica además, en la  ruptura de círculos de silencios, evidenciando ineficacias políticas, administrativas y dejaciones profesionales cómplices con la desaparición de estructuras sociales. Y sobre todo, se fortalece con el poder de la reivindicación de derechos adquiridos que hemos de dar a  los usuarios que cada día se acercan a nuestro trabajo llenos de necesidades, miedos, recelos y desconfianzas. Se hace aun más poderosa cuanto más responsable se ejerce, evitando así ser esclavos de nuestros silencios y cómplices de  rupturas e inacciones sociales.

MAREA NARANJA

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