sábado, 31 de octubre de 2015


               En junio de 2013, formulé en este blog mi particular código de la buena práctica ética, reflexionando  en torno a los conflictos éticos que se nos presentan  en la intervención del trabajo social cotidiano  (ver artículo ).  Han pasado más de dos años y aquel código que dejé  enunciado en esa entrada, hoy  por su vigencia y necesidad de preservarlo, me he permitido convertirlo en pergamino. Os lo participo. Espero que sea de nuevo  motivo de reflexiones y análisis en torno a la necesidad del la ética bien aplicada.




jueves, 8 de octubre de 2015
Traducir el lenguaje del otro, decodificar los mensajes analógicos que nos trasmiten no siempre es una tarea fácil.

La posibilidad de que una palabra ó un mensaje no logre su objetivo ocurre,  a veces, ó bien porque el emisor la distorsiona y  no la expresa adecuadamente ó bien porque es incapaz de producir las silabas y sonidos  adecuados.

          He podido comprobar en mi ejercicio profesional, a través del contacto con dos  personas que sufren disfunciones en el lenguaje (niña con dispraxia verbal y anciana con alzhéimer)  la  imposibilidad de no comunicar que expresó Paul Watzlaxick en su teoría de la comunicación humana.

La niña, de ocho años, me recibe con recelo y vergüenza. Me presenta a su perro, enseña sus juguetes y su casa y cuenta  sus vivencias en el colegio articulando medias palabras, siseándolas, balbuceando y entrecortándolas. Cuando es consciente de que su lenguaje es ininteligible, los gestos, las expresiones faciales, las señas y sus dibujos se convierten en los mejores aliados de su comunicación.   No sabe leer ni escribir pero dibuja en su cuaderno con la misma facilidad que expresa con  su cara lo que me quiere decir. Habla a su perro con su particular lenguaje y éste le entiende mejor que yo. Es entonces cuando  descubro viendo la  simbiosis del lenguaje entre la niña y su mascota, lo fácil que es entender cuando no se  lucha por interpretar la palabra no dicha y como  los titubeos desaparecen cuando aparece  la sonrisa de la niña acompasada del  ladrido de su mascota.

La abuela, con alzhéimer, no encuentra las palabras adecuadas para transmitir la belleza de la sonrisa de la  niña y lo que siente.  Ella si habla, habla y habla, de corrido, sin  dar sentido a lo que dice. Se remonta al pasado sin problema y duda del presente. Comprende parte de lo que se le dice pero su conversación se diluye sin sentido en medio de un mar de torpezas y equivocaciones.  También ella ha desarrollado el lenguaje gestual. Mira, ríe, llora, acaricia, besa y  así comunica todo lo que no puede expresar con la palabra olvidada.

Qué fácil es comunicar para quien puede y qué difícil es para quien queriendo no puede o pudiendo ha perdido la capacidad de hacerlo. Que fácil y que difícil pero nunca imposible. A la palabra no dicha siempre la sustituyen las miradas, los afectos, los gestos y las emociones. Anciana  y niña me han hablado a su manera y me han enseñado una vez más que aunque se corten, distorsionen  ó desaparezcan las palabras, nunca lo hacen los sentimientos y las emociones.  Imposible no comunicar…..

MAREA NARANJA

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