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miércoles, 25 de febrero de 2026

SILENCIOS INNECESARIOS

Al hablar de los silencios, podemos hacer muchas lecturas: del silencio interior que nos relaja, el exterior que nos aleja del ruido, el prudente que evita conflictos, ….

Son muchos los tipos de silencio: el prudente, el mentiroso, el cómplice, el justo, el injusto, el necesario y el innecesarioEs en el silencio innecesario en el que me quiero detener; concretamente, en el silencio dentro de los entornos laborales.

Dando por bueno y necesario el silencio prudente y justo, hemos de cuestionarnos el innecesario e injusto que, con frecuencia, manifiestan los empleados ante las indicaciones de sus jefes. Es el silencio sometido, aquel que se manifiesta en contra de los principios de la verdad y la dignidad, y que tiene poco que ver con el asertividad y la resiliencia.

Las causas son múltiples y complejas: miedo a las represalias al expresar opiniones críticas, lealtades mal entendidas o el deseo de no explicitar problemas para no «perjudicar o crear más complicaciones».  Cuando un trabajador se siente reprimido, cuestionado e infravalorado, el silencio no es gratuito. Se traduce en altos niveles de ansiedad, estrés y frustración, que derivan en desinterés e ineficacia en el trabajo.

No es lo mismo sugerir que exigir, coordinar que supervisar, ni disponer que imponer. La verdadera herramienta frente a la imposición es la escucha activa. Desde ella se puede generar la crítica constructiva que rompa silencios innecesarios ante indicaciones indignas e injustas.

Toda esta realidad invita a reflexionar sobre quien calla ante la imposición: no es lo mismo silenciarse que reivindicarse. El silencio cómplice impide crear diálogos con libertad, sin miedo al juicio. La desobediencia justificada ante una orden injusta, ejercida con responsabilidad, es un derecho legítimo para proteger la ética y la profesionalidad.

El buen hacer profesional no se sostiene sobre silencios innecesarios sino sobre la necesidad de nombrar lo que es injusto.

 

martes, 20 de agosto de 2024

Mi Vademecum Social




A lo largo de los últimos años la actividad
del trabajo social ha hecho evidentes muchos
cambios de paisajes con importantes
transformaciones sociales e incorporación de
una gran heterogeneidad en la tipología de
necesidades, recursos y prestaciones.
Se han configurado nuevas estructuraciones
y sistematizaciones y con ellas la, cada vez
mayor, incorporación
de la burocracia a los
servicios sociales públicos. Paradójicamente la
introducción de nuevas tecnologías en pro del
mejor servicio a los ciudadanos se ha convertido,
en muchas ocasiones, en obstáculo para el
mantenimiento de una relación más cercana y
personalizada. Por todo ello, muchos
profesionales se han ido desgastando
convirtiéndose en meros gestores de recursos.
Desde esta particular valoración de la acción
social se redacta el presente "vademécum" que,
a modo de recetario, pueda servir de botiquín de
base previniendo "anemias y depresiones " en
el ejercicio profesional e invitando a utilizar
saludables y eficaces terapias de intervención
social.
 




 

 


sábado, 11 de abril de 2020

VADEMECUM SOCIAL EN PERIODO DE CONFINAMIENTO


          En medio de la normalidad que creímos que estábamos viviendo, aparece un anormal virus que se asienta en nuestras vidas. Se presenta sin aviso ni cita previa y todo lo que creíamos ya  organizado, ajustado y estructurado, sin más arma que su propio material genético, lo desorganiza, desajusta y desestructura. No ha necesitado ejércitos, tanques, bombas ni dinero. Solo diseminándose en  las células  humanas se ha hecho poderoso iniciando una guerra invisible pero despiadadamente evidente.  
         Paradójicamente se muestra de forma engañosa tras los principios universales reconocidos como derechos  básicos  inherentes a todos los seres humanos. Se erige demócrata en la elección de sus enemigos. No excluye a nadie. Todos los humanos le son útiles para su guerra. No discrimina. Acepta a todos, sin distinción de raza, nacionalidad, sexo, condición religiosa, lengua ó clase social. Es solidario, aplicando su justicia distributiva para todos por igual y para más inri se manifiesta coherente e integrador.
         Sin embargo delata su irrespetuosa crueldad sin pedir consentimiento para su intervención, coartando la libertad y autonomía, dejando a su paso dependencias y sometimientos a su ley de contagio. Ha roto la estructura social, obligando a rearmar los pilares del estado de bienestar  confinándonos a todos  en nuestras  casas.
         Ha sido preciso poner en primera línea de trabajo y atención  contra esta pandemia además de los imprescindibles servicios sanitarios a los servicios sociales, obligando a estos a transformar su praxis, pasando de lo presencial a la distancia, de la escucha activa de la entrevista  a la telefónica personalizada. La presencia pasa el testigo a la ausencia y a  la atención en la  distancia.
         Es evidente el cambio de paradigma en la intervención de los servicios sociales. Ahora la tecnología es imprescindible haciendo un giro hacia formas alternativas en la dinámica de  la acción social con nuevos instrumentos en nuestro vademécum social.
         Se hace necesario ahora más que nunca eliminar la burocracia, simplificar protocolos y procedimientos, valorar demandas desde la distancia y el confinamiento, asignar  recursos de manera equitativa sin  que nos  recuerden épocas de beneficencia obsoletas, priorizar prestaciones económicas ya vigentes ó implementando trasferencias económicas  urgentes que no supongan estigmatizaciones innecesarias.
         No se necesita hacer reconceptualizaciones porque este  virus no ha contagiado la esencia del trabajo social pero si ha cambiado su praxis. Ha sido necesario innovar su práctica y flexibilizar la rigidez de la burocracia.
         Sin las nuevas tecnologías y usos de redes sociales, el sistema de ayuda que desde los servicios sociales es esencial hacer, actualmente sería mucho más dificultoso. A través de ellas el trabajo social hace visible lo invisible, se aproxima a la lejanía, escucha, visibiliza emociones, permite a los silencios  hablar y a los confinamientos psicológicos no callar. 
         Es imprescindible por ello el uso de una tecnología humanizada, que se acerque al aislamiento de las personas vulnerables, proteja, evite exclusiones, mayores aislamientos que los obligados y fortalezca las redes de apoyo.  En definitiva que ponga  en marcha como servicio esencial que somos la fábrica de la responsabilidad ética a través de la maquinaria de la humanización activando acciones coordinadas con criterios éticos de urgente utilidad y eficacia.

PD: Quiero añadir a esta reflexión personal el documento de referencia de la Comisión deontológica del Consejo General de Trabajo Social, que considero básico en nuestro vademécum social actual. Etica y Deontologia del Trabajo Social ante el estado de alarma sanitaria COVID-19