Cuando una persona se acerca a los servicios sociales solicitando “la independencia”, lo primero que se te viene a la cabeza es concedérsela sin más valoraciones, diagnósticos, planes de acción ni rutas de inserción. A priori creo que a nadie se le ocurriría erigirse en ladrón de autonomías personales y menos a quien protege sus decisiones de forma libre y con clara determinación.
-“Concedida, puede hacer uso de su
independencia sin problemas”.
-¿Entonces puedo estar solo en casa ? Porque me dicen mis hijos que si no firmo la
solicitud de independencia para que alguien me ayude me llevan a una
residencia”.
Con estas manifestaciones no queda otra
opción que pasar del preámbulo y ampliar las actuaciones. Nos obliga a
negociar. Entrados en este proceso podemos comprobar como a su manera la persona expresa el deseo de ser valorado como dependiente para
vivir en su casa de forma “independiente”, No es ninguna
contradicción y sí una
equivocación lingüística que da lugar a
una seria reflexión e iniciar la negociación que bien puede
realizarse con la redacción de un acuerdo firmado por el solicitante. Procedamos.
Declaración
de mi independencia
Art.1. Solicito el derecho a
seguir manteniendo mi autonomía dentro de mi propia vivienda.
Art 2. En el ejercicio de mi
autodeterminación permito que desde los servicios sociales se valoren mis
capacidades personales para la continuidad de la permanencia en mi casa.
Art. 3. Autorizaré, si fuera necesario, apoyos domiciliarios que faciliten dicha
continuidad.
Art 4. Pongo en conocimiento
que nadie en mi nombre puede solicitar otros recursos que yo no demande.
Art. 5. Inicio con la
trabajadora social el proceso constituyente de valoración de dependencia para
conseguir mi particular independencia.
Y finalizamos con un texto concluyente:
“Una vez valorado, insto a los poderes públicos para
hacer cumplir la ley de dependencia a la que me acojo, respetando mis
derechos y mi autonomía y permitiendo hacer uso de los recursos que me correspondan sin
injerencias externas”.
Con este tratado podemos realizar otra forma
de valoración de dependencia, al que sin duda hay que empezar a
denominar también como proceso de independencia.
Queda rubricado.
PD: La imagen de esta entrada ha sido “robada”
de Alejandro R. Robledino
con
quien he tenido el privilegio de compartir cervezas y grata conversación sobre autonomía, dependencia y anécdotas varias
de nuestras Eudosias y Phylomenos . Gracias Alejandro.
https://twitter.com/ARRobledillo/status/977843733302534145