Pasadas ya casi dos
semanas de la celebración del Congreso de Mérida y después de haber leído
diversas valoraciones de profesionales que allí estuvieron, quiero dejar la mía
propia tomando como referencia el título de la canción de Soledad Jiménez, que
tan magistralmente nos amenizó en el Anfiteatro Romano.
Han sido diferentes las miradas y
relatos realizados por compañer@s de la blogoTSfera ( ver) que para quien no
haya estado, creo que ofrecen una variada y enriquecedora visión de los allí
ocurrido y sus contenidos. Por eso no me voy a detener en el relato de las ponencias
y comunicaciones a las que pude asistir (no todas las que hubiera querido por
el “overbooking” existente
en muchas de ellas) porque creo que han quedado ampliamente documentadas en las entradas realizadas por l@s compañer@s.
“Cómo hemos cambiado”. Cuando oía a
Sole Jiménez cantarnos esta canción miraba a mí alrededor y efectivamente veía
lo que hemos cambiado. No es habitual hacer la inauguración de un congreso en
un anfiteatro romano (gran acierto de la organización). Y una que se pone a
elucubrar y se remonta a épocas pasadas en ese escenario, le viene a la mente el
motivo por el que se reunían los romanos allí, esperando ver la lucha entre
gladiadores y fieras. Me detengo en el público y escenario actual y veo que aunque
algunas fierecillas y gladiadores nos
encontramos en esta profesión, nuestra lucha viene por otros derroteros. Son
más bien las piedras de ese anfiteatro, que han dado constancia, solidez y permanencia en el tiempo, las que se asemejan con la perseverancia de nuestro trabajo.
“Cómo hemos cambiado”. Cambian
escenografías, formas de comunicarnos (las redes sociales acercan la
información al segundo), varían las experiencias y surgen nuevas iniciativas de emprendedores/as
en trabajo social que han permitido desencorsertar la profesión, sacarla de
inflexibilidades y darle un nuevos aires a rígidas estructuras ( enhorabuena a
tod@s los que estáis en ello ).
“Cómo hemos cambiado”. Cambian formas (bienvenidas)
pero no cambia el fondo. En trabajo social lo esencial está dicho. Se puede
expresar de muchas y variadas maneras, con muchas y diversas experiencias y
desde múltiples visiones y lugares (como hemos podido comprobar en este
encuentro con colegas de otros países) pero lo esencial no cambia.

En trabajo social lo esencial pasa sobre
todo por nosotros mismos y se hace
visible como expresó Teresa Matus en su ponencia inagural si “somos capaces de
empoderarnos, transformarnos como profesionales para poder empoderar y
transformar a las personas”. Totalmente de acuerdo. Sin empoderamiento es
imposible “innovar, destruir para construir e incluir sin excluir”, como nos
recordó en su alegato final. No es trabajo social estático y encorsetado, que no detecta “los puntos ciegos” en la
intervención, el que nos han trasmitido sus
pioneras.
Muchas cosas han cambiado. De ahí el
lema “construir comunidades sostenibles” que nos llevó a este congreso. Diferentes
exposiciones y experiencias que allí
pudimos escuchar y compartir nos han
permitido vislumbrar la necesidad de cambios en el hacer profesional, pero
también otras muchas han dejado patente
que “no todo ha cambiado” y que se diga cómo
se diga, lo esencial se perpetúa.